34546469 Identidad y Creacion

September 10, 2017 | Author: Jaume Estarlich Guiu | Category: Society, Ethnography, Existence, Science, Dialectic
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IDENTIDAD Y CREACION Horizontes culturales e interpretación antropológica Ricardo Sanmartín

BARCELONA

Indice pág. 9

Prefacio Capítulo I. El un-dio ambiente Capítulo II. Identidad

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y

el sistema cultural

violencia en Euskadi

Identidad 9 acción Historia ¡Vaciara !isla° E.T



Capítulo III. Identidad y experiencia ritual. ¿Que ha y en una procesión?

simbolismo de los actores: posiciones. El simbolismo del espacio y la historia colectiva: recorrido

15 41 41

55 59 65

83

El

Capítulo IV. Arte

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Antropología Social

Nataiale:a ((el arte. Pi tunera edición, 1993 Editorial Humanidades - Barcelona c/ l'ere Alegtet, 39 21'. TeV(9318 1 8 13 67 08720 Vilafranca del Pcnedi , s Barcelona

Arte, creación y contexto. Avíe, experiencia y contexto.

Capítulo V. libertad, Igualdad, Fi aternidad.

síndrome casal. El síndrome personal La casa y los campos Apodos e identidad El

Coordinador editorial: Fraticesc C.M0 Ortega Colaborador en la edición: Orlimil Monguillot Fotocomposición: 5tk Antograf Impreso en: Romanya/Valls Reservados todos los derechos (le esta edición.

'La herencia

Capítulo VI. Cultura

ISBN: 84-604-4896-7

Depósito Legal: B. 4.969 - 1993

Bibliografía

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Naturaleza Flumana

93 104 109 115 126 153 171 179 186 196 200 208 249 263

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PREFACIO

Uno de los problemas que centra la atención de la Antropología Social contemporánea y que, en buena medida, sobrepasa sus fronteras reclamando la atención no sólo de otras ciencias sociales, como la Sociología, la Ciencia Política, la Psicología o la historia, sino también de los políticos, escritores, terapeutas y analistas (le nuestro mundo y época, es el de la identidad de los actores en las complejas sociedades que constituyen nuest ra vieja y tan viva Europa. Sa:›er quiénes somos es una pregunta de siempre difícil resonesta, la que no cabe contestar solamente desde la imagen que nuestra mirada consigue entrever en el espejo interior de la intimidad. En su configuración intervienen, además de la nuestra, muchas otras miradas no siempre coincidentes. Nuestra imagen se crea y se destruye en la interacción social, en tan distintos contextos y con la eficaz contribución de tantos factores, que incluso nuestra experiencia de ella dista de ser única y homogénea. Su coherencia y continuidad exige de cada actor social un continuado esfuerzo de traducción, de recapitulación, de cohonestación de su memoria y su presente, de sus cambiantes situaciones, teniendo que hacer frente a las múltiples tensiones que derivan del deseo de unidad, de la necesidad de ser y ser en sociedad, de ser con otros y frente a otros que se encuentran en la misma dilematica situación, con quienes compartimos tina similar competencia por los recursos, tanto como una común memoria colectiva acogida y evocada por un rico conjunto de símbolos cargados de valor por la historia y por la praxis cotidiana. Esa pugna vital por constituirnos, además de dar a luz la historia personal de cada cual, la llevamos a cabo colectivamente, en el seno de instituciones tan básicas como la familia, la vecindad, la amistad, la comunidad local o la nación, de lo cual se han ocupado un buen ntítnero de excelentes monografías de reciente aparición. Junto al estudio que en estas mismas

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páginas se emprende sobre dichas instituciones, en base al trabajo de campo que desarrollé a lo largo de los años ochenta, he ampliado el estudio abarcando temas en los que ya no cabe tomar los límites (le aquellas instituciones como su marco propio. La reflexión sobre el problema de la identidad en un inundo como el contemporáneo, en el (ie las fronteras no sólo cambian y se redefinen, sino que muestran su precariedad y porosidad en campos tan distintos corno el ecológico o el del arte contemporáneo, no puede limitarse al estudio de aquellas tan básicas instituciones. Los problemas (pie las crisis ecológicas nos desvela, o los retos que 1;i comprensión del arte nos plantean, nos permiten descubrir otro horizonte que amplía las dimensiones de la pregunta inicial. No cabe esperar, de la lectura de estas vigilias, una respuesta que defina quiénes somos. No sólo no poseo la respuesta. No creo que, así planteada, pueda responderse. Aun cuando sólo 1:1 l le torta podi ía pretender ennsti un abanico de respuestas, todas ellas, ademas, depende! ían de otra pregunta (pie tampoco cabe esperar (pie un texto como este pretenda formular: la búsqueda de la identidad cultural que emprenden los actores depende no sólo de la orientación que su historia compartida les ofrece, enraizándoles en el tiempo y en el espacio, sino también de sus objetivos, del para qué de su pregunta, y esa es tina cuestión que nuevamente varía según sea el horizonte vi t al en el que los actores se cuestionen a sí mismos, y que a ellos correspondería responder. De :lhí el interés en centrar la atención antropológica en temas etnográficos tan distintos como la ecología, el terrorismo, los rituales, el arte, la familia o la naturaleza misma de la cultura. En cada uno de esos ternas tratados en el texto no sólo se cambia el contexto etnográfico elegido para la reflexión (Euskadi, Valencia, la Comunidad Internacional...), sino también el horizonte en cuyo seno el actor desarrolla su pugna por la identidad, el campo de experiencia en el cual enfrenta la pregunta. Romper, pues, la unidad contextual, etnográfica, y multiplicar los campos de experiencia en los que se plantea el estudio de la identidad permite establecer la comparación en aquello que tan dispares retos para el análisis puedan tener en común: el ser b i rmano como actor y creador de cultura, forzándonos a hablar del Hombre desde la especificidad de SU exper iencia en la familia, en el tito local, ante la muerte de un ser querido, tanto como ante la desconcertante experiencia de una novedosa obra (le arte, obligándonos, pues, a a ntropologizar desvelando la similitud de los procesos de su creatividad simbólica; creatividad que se dispara cada vez que, a pesar de la diversidad de situaciones y ternas enfrentados en el texto, el actor se acerca a alguno de los límites o bordes de su 10

cultura, allí donde sir experiencia se enfrenta ante el dilema de la potencia y artificialidad de las construcciones culturales. Si los problemas ecológicos contemporáneos nos sorprenden día a día, no es simplemente porque prueben la debilidad (Id artificio cultural de las fronteras entre grupos humanos y sus territorios respectivos, 'uniéndonos a todos como hijos de una misma tierra, sino también porque al hacerlo nos muestran la precariedad de las definiciones con las irle pretendemos sujetar la naturaleza a lo que, desde nuestra ilusionada itnav,inación creadora, concebirnos como real y como posible, alterando de ese modo, abruptamente, la imagen de la realidad y nuestro lugar en ella, esa parte de nuestra propia imagen colectiva que pende de nuestra integración ecológica. Una de las consecuencias de la alteración cite los grupos humanos ejercen sobre el contexto ecológico, en determinadas condiciones históricas, puede ser entendida, desde cierta ideología, como una quiebra de aquellas raíces culturales sobre las que se levanta un modo de vida y una identidad colectiva. Los actores enfrentados al problema pueden reaccionar de muy distintas formas. Dos de ellas, violenta o ritual, se analizan en los capítulos II y III. En ellos, obviamente, el análisis no se limita a presentar la interdependencia entre violencia política, alteración del paisaje y ritual, va que en cada caso la reacción, .iolenta o ritual, de los actores depende de otros muchos factores. En un caso como en el otro, lo que se pretende es iestacar el papel central, vertebraclor de una u otra reacción, minoritaria en la violencia, mayoritaria en el ritual, que cumple la imagen de su propia identidad. Dicha imagen, por otra parte, es leída por los actores no sólo a la luz de sus respectivas tradiciones " culturales. El uso que de sus símbolos y modelos culturales hacen, para enfrentar la irrupción de la creciente complejidad del nuevo horizonte vital, aparece a su vez condicionado por el sesgo ideolégico que incorporan los actores en su selección y combinación de lo que su cultura les ha enseñado a discriminar, para, de ese modo. generar el significado de su acción. Analizar la etnografía tiene como objetivo comprender la acción ajena. Pero comprender no significa estar de acuerdo, sino situar el problema en unos términos que permitan el acceso a una salida no violenta, por lenta que esta sea. Para que la pérdida (le apoyo a la violencia sea efectiva y duradera, sólo puede producirse como fruto del convencimiento y para ello, además de la firmeza de la acción política democrática, se requiere tina transformación 11



de la visión de los problemas que el ejercicio de la comprensión socio-cultural (l'erylehen) permite, facilitando una aprehensión de a dónde la acción histórica colectiva ha ttasladado el horizonte desde el cual se formula la nueva interpelación ética. Ese antílisis que los actores realizan del horizonte moral de la época es, precisamente, el que se revela como foco central para la interpretación del sentido del arte contemporáneo que se estudia en el capítulo IV, bruto del trabajo de campo desarrollado con artistas plásticos y escritores, a través de entrevistas y de la observación participante. En el esfuerzo desarrollado para entender el ;u te como fenómeno sociocultural en el (pie 1;1 obra es una parte central, pero sólo una par te- las
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